lunes, 28 de febrero de 2011

En tú espalda


Para María Trueba que en una mañana
de mayo me sirvió de musa sin saberlo:

Ensayo mis caricias en tu espalda
sensualmente disfrazada por tu piel
que me dispara un efluvio, color miel,
al tacto de mi mano imaginada.

Quiebro mi emocionada vista
en el salto de tu espalda en botella
donde se enzarza juguetona la melena
que cae en cascada sin dejar pista.

Expongo mi nombre en tu fruta
delicioso melocotón aún a madurar
que me provoca y me incita a amar
dejando mi mente torpe, mísera, bruta.

Por favor, no vuelvas la mirada
déjala siempre mirando a la entrada
para yo desde la salida comer tu espalda
donde dejaré una quimera clavada.

viernes, 25 de febrero de 2011

Saber

Estorba mi monotonía,
no respetes lo que besé,
desata mi melancolía,
que yo no sé...

Haz morir la felonía,
roba lo que pensé,
sácame la cobardía
que yo no sé...

Haz tuya la ironía
en la que yo descansé,
dame pie y huida
que yo no sé...

Haz nacer el día
que yo dejé envejecer,
haz volver la vida
que yo no sé...

jueves, 24 de febrero de 2011

Gunitando

Firmamos el viernes tratado de palabras.
Muy pronto, los cinco reunidos, supimos que de los límites del cuerpo, olvidaríamos ese día los propios.
Hoy, que decido cada paso, que no cuento cuentas, ni tengo extradiciones pendientes. Me equivoco lo justo cuando se trata de compartir mesa.  
Ya pasada, sé que esa jornada, la llevaré siempre conmigo.
El medio día, llevó a la tarde. Por el camino nos llevamos con nosotros un trago de Mallorca, uno de Cádiz, uno de La Rioja. La tarde, nos quitó  pronto el sol. Para jugar a las intimidades es mejor ser parco en luces. Venía la noche, llena toda de la luna, y acabó por llevarnos de todas las Sevillas, a la Nueva.
Aunque no me creía, subí de nuevo, de abajo arriba, la calle Caño. Justo igual, que cuando tenía corazón. La mirada se me escapaba de la conciencia, sola giraba a la izquierda. Uno, en tales condiciones, es normal que piense que la vida es una hija de puta. Más si el  colorín colorado, te coge por a la espalda y a traición.
El Mediterráneo ya no lo era. El Pórtico había cambiado el rojo por el salmón. Todo era lo mismo, y sin embargo, nada era ya igual. Confirmé con piel propia, que al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver.
Sin embargo, de entre todas las voces, se alzó su voz. La miraba como olvidamos el resto mirar, y entonces, a bocajarro, después de diecisiete años, dos niños caminando y uno más en camino, soltó:
- Pero que buena estas… Te quiero.
Callé. Y mi silencio se llenó de esperanza.  
Quizá aún no es tan tarde, quizá...

miércoles, 23 de febrero de 2011

De verdad

Como explicarle a alguien quien eres, cuando eres tantas cosas a lo largo de un solo día. Cuando es tan grande el riesgo de perderse a sí mismo en la vida. No entiendo muy bien los motivos que hoy, si me llevan a dejar un trocito más grande de mí. No obstante, no es que peque de exceso en motivaciones. No creo que sea de etiquetas, adelanto, ni de lemas, aunque sí puedo decir con todas sus letras, que soy de verdad.
En una noche cualquiera de febrero quería escribir para mí y no para el general. Prefería desnudarme unos trocitos de esencia, solo. Vestir las palabras con carácter privado, ora que hace tiempo que publico por cuenta propia más cuentos que vida.
Con el sol huido hace ya horas, me tengo solo en un cuarto, con un papel, un trozo de recuerdo, unas palabras de mujer, y una impresión, elegante y discreta. Me tengo con la pregunta sin respuesta de por qué me importa tanto la palabra, de por qué me hace tanta falta.
Frente al espejo en el dos mil once, son más fáciles las miradas.
Venderse por pesetas aunque obsoleto parece de moda.

 No vales más, que lo que vales, incluso, aunque nadie lo sepa.
Sin embargo, después de tan enrevesado revesar de lo pensado, sigo en mis trece. Con la misma fuerza y sin abrir la boca, podría gritar; creo en el verso humano, en el honor de uno mismo, en las cadenas sueltas para el alma que aprende a volar, en la verdad aunque esta pudiera llevarte al abismo, en el instinto.
 ¿Para qué entonces seguir escribiendo, para qué, si digo en esencia, lo mismo repetido?
Supongo que para firmar mi derecho firme de creer. 
Para al final darme cuenta de que escribo a estas horas para ti, para que al final del todo pueda decirte una frase que te deje sin palabras.
Para que sepas, como ya dije al principio, que puedo decir con todas sus letras, que soy de verdad.

martes, 22 de febrero de 2011

Soy tu ser


Yo soy el negro de tu sombra,
la lengua de tu conciencia,
el rugido que te sueña,
soy en el tiempo la paciencia
límite de tu retiro,

                   Soy la presencia...

Yo soy lo blanco que pida,
calados besos sin ciencia,
el calor de chimenea,
soy el juguete, la videncia,
la envoltura de un solo hueco,

                   Soy la trasparencia...

Yo soy de plata bandeja,
de tu mano la tendencia
y la comarca de tu andar,
Soy apatía de violencia,
una ola que no tiene mar,

                   Soy la prudencia...

Yo soy tu misma contigo,
un relato con licencia
y esas cincuenta caricias
que siempre te esperan
pese a la distancia... Yo,
                  
                   Soy tu herencia...

lunes, 21 de febrero de 2011

Jaque Mate

Te marca el piano, como si fuera el corazón la entrada. Lo sabes, es hora de componer, de hacer de las posibles, la mejor canción, el mejor soneto, la mejor carta de las cartas perdidas.

Toca olvidarse de lo aprendido, de invertir más allá del olvido, de conseguir de los posibles, lo que nunca has conseguido.

Toca… Joder con el papel, de nuevo, por primera vez.

Un frente a frente, una última ordenanza donde dejarse cada último recoveco del alma. Una vez más, ser más tú de lo que ya eres, una vez más, sorprender con magia a las rutinarias.

Del trastero legañoso, toca, secar las legañas, romper en cien mil cien pedazos las perezas presentes que atan las palabras. Es hora, de volver locas a las cuerdas sensatas que te atan al abismo pasado.

Dirán los que no saben que es hora de hacer magia con las palabras, dirá uno que aún sabe menos, que toca dejarse llevar y dejar que el término de una silaba te ponga de frente a la siguiente.

Es fácil, si no lo piensas, es difícil si no lo intentas…

Erase que se era un escritor que escribe sin más, sin editores, sin fechas de caducidad, sin el miedo ultrajante de los artistas del gustará o no gustará.

Erase la palabra sin precio, sin piedad, crudité del verso, y en el punto justo para que duela y no duela.

Erase un virtuoso de la ñ, que perdió por jaque la partida a las frases y sabe que jamás tendrá la oportunidad de inventar aquella que le mata, aquella completa que escribió un incompresiblemente desconocido Ruibal, aquel perfecto anacronismo, aquel perfecto epitafio que uno quisiera para su muerte, aquel duelo a muerte que dice…

“Si no me mata tu amor, me matará no tenerte”.

viernes, 18 de febrero de 2011

Un cuento para un cuento

Erase una vez, una princesita a la que la encantaba soñar. Decían de ella que era mágica, nada extraño, tratándose de un hada. Sin embargo, contaban algunos juglares, que sus poderes iban más allá de los sentidos. Era capaz de convertir los lunes en domingos, de aparentar a sus veintinueve siglos, poco más de dos décadas, de solo con su voz curar las pesadillas. De hacer volar la imaginación de los peores poetas, de darles a los escribas que no las encuentran, sus letras.
Detenerse a mirarla, era perderse. Tenía voz de espuma, como cuando rompe la mar, como cuando huracana el cava porque merece la pena brindar. Su castaño pelo terminaba en un flequillo indecente, exclusivos eran sus labios, sus ojos, su nariz, su risa como bostezo que te hace sonreír. Delicado como pétalo su cuerpo aparentaba ser. Para el tacto de su piel, aún nadie inventó la palabra. Su nombre, mi delirio, era Monika, y pronunciarlo, te dejaba en el cielo de la boca cierto aroma a hogar.
Vivía al norte, a unas cuatrocientas millas de este narrador. Sé que les parecerá extraño que de pronto, el cronista mismo, se meta en su historia, pero hay cuentos que no se pueden dejar pasar. Fue precisamente mientras la escribía, la detallaba y trataba de resolver la ecuación de su silueta cuando quise ser de la fábula personaje.
Aprendí, a la mayor velocidad posible, sortilegios de todos los tipos para acercarme a ella. Pero desconfiaba. De alquimia llené mis párrafos para que me leyera los instintos. Aunque menos, desconfiaba. Mediante encantamiento, a pesar de las distancias hablamos muchas veces, viendo como siempre, a cada frase le continuaba una más, viendo como nunca era suficiente, como siempre quedaban ganas de más. Aún así, desconfiaba.
Le expliqué que cada letra era una forma de existir, que ahora empezaba de nuevo a aprender que la mejor de mis sonrisas dependía de que despertara con las ganas de su parte, de que en sus noches hubiera hueco para mí. Quizá menos, pero desconfiaba.
Hablamos de locura en esas horas donde el sol ya duerme, y entonces, con las mayor de mis corduras dejé de narrar para ser Duende. La respondí ya en su mundo, con mi idioma antiguo ileso, con las heridas perfectamente cicatrizadas:
- La única locura que realmente se me ocurre, es perderte… Es no apostar por ti.
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Contigo, dan ganas de ser cuento.
Felicidades, princesita.    

jueves, 17 de febrero de 2011

Una buena persona.

Con el papel delante, quería escribir hoy, el mejor de los cuentos.
Advierto, no sale.
Me vienen a buscar las palabras para hacer sangre. La pluma tan llena a espuertas de tinta canalla no admite, a fecha de jueves, historias aptas para todas las edades. La mirada echada a suertes al laberinto de un adentro cada vez más sombrío que de costumbre, no mira hacia nadie, ni hacia nada. La conciencia, con cartel de venta, negocia el alquiler del alma.
En tales circunstancias entenderán ustedes el soborno al corazón, "te prometo cualquier sustancia con tal de que no me digas más, que ahora, de todos los posibles, soy el posible malo".
De pisar arenas movedizas a ser el rey de los pantanos es en excelso, corta la distancia. Tan corta, como corta el cuchillo que amenaza la cuerda saltimbanqui de esta huida.
Por timonel parece haber un corsario, pero…
Que se me pare el pulso si me vence finalmente la podredura, si puede el pus de la rabia con lo bueno que queda, si fermenta el poso del dolor, tanto, que llega el momento en que el espejo me devuelva una vacante.  
Que se me corte el latido si empieza a atraer de mí más el rufián que el caballero, si el hedor de la soberbia me da la vuelta al hedor corporal, si acaba la decadencia pareciéndome normal, si la indecencia de besar sin morir besando me parece tan habitual que olvido besar.
Que se me acabe el tiempo, la noche, la luna, las estrellas y demás mariconadas, si al final de la noche, cuando le toca a uno acostar sus pecados, no queda rastro alguno de buena persona.
Si al termino de los terminales, no sé quién soy. No soy yo.


miércoles, 16 de febrero de 2011

Con delicadeza

Lo reconozco. Tengo tanto miedo a que me decepcionen, que no doy opciones. Pido disculpas a las dolidas, pero en resumidas cuentas, por muchas afrentas que se me adjudiquen, piénsenlo, habiendo tanto camarero de la emoción, ¿para que buscarse un novio poeta?
Más, si éste, olvidó como construir relaciones, y ve en cualquier inicio un castillo de naipes. Es posible que pueda ser que me sienta vencido ante la apología terrorista del beso del dos mil once. Admito que puede ser falta de mi raciocinio para entender la filosofía del todo vale, del todo cuesta tan solo dinero, del más es menos, del como quieras, pero ni una palabra a mí marido.
Ya con canas en algunos de los pelos de la barba, y los huevos hinchados con su colorcito violeta, no pretendo tener razón. Uno se basta y sobra de su opinión para sacar la bandera blanca si hiciera falta, para pedir disculpas si dolo en la palabra (para los de la LOGSE, si hago daño con lo que digo o escribo), para solicitar extradición de tu cama si no soporta a la vez, cuerpo y alma.
Dirán sus señorías, posiblemente con más conocimiento que un servidor, que porque no conformase, porque no armarse con el cuajo del resto, porque no andar de cardo en flor, porque no seguir enredándose en catres de contrabando, porque no vender al amigo por un puñado de dólares que gastarse después en Señoras de alquiler (si, es cierto, la mayúscula es apropósito).
Iré más lejos, aún a sabiendas de que para gustos los colores, porque no presentarse incluso a la vigésima edición del gran hermano, hacerse Deejay, molar mazo, llenarse de esteroides el brazo, tatuarse "Viva Belén Esteban" (para los que se cuidan, un trozo con patas que se follo a un torero) y poner los textos de La Zalema en un todo a cien.
Responderé para que todos me entiendan.
Porque no me sale de los cojones.

martes, 15 de febrero de 2011

San Valentín - 15 de febrero

Lo malo de los almanaques, supongo, es que no se adaptan a las necesidades. Me gustaría admitir que un lunes es tan buen día como para otro para estar enamorado y salir a celebrarlo, sin embargo, me voy a permitir dudarlo.
De porque no creo en los calendarios tengo más hechos que respuestas; de ellos, de esos días tan señalados, he borrado aniversarios que nunca pensé borrar, he puesto el cartel de cerrado en las ventanillas de aquellos cumpleaños que perdieron el sentido en lugar de ganarlo con el paso de los años, he cedido noche viejas al puro dolor, he perdido en la noche buena las ganas de cena, y vendí la parte de lo poco que queda de mi alma en una noche de San Juan.
En hogueras he quemado mis palabras mal dichas en fallas, y debo admitirlo, no deje pasar la oportunidad de comer carne en jueves santo. Me fui al sur en los Sanfermines, y no miento en absoluto, si afirmo que subasto mi cuatro de julio al mejor postor.  
De porque odio el calendario, me sobran razones, especialmente cuando uno piensa en aquellos que solo se acuerdan de uno, en los aniversarios.
Supongo que quien lea hoy estas palabras tendrá gustos encontrados. De ayer los habrá con flores, con versos y espero que muchos con bombones, moda que venga o vaya, que viva el chocolate. No obstante, un lunes, por muchos vestidos que le pongas, sigue siendo un lunes, si el que le sigue es un martes cualquiera.
Por todo esto, este humilde pelea letras, les anima a romper el dos mil once en once mil dos pedazos, y que hoy, quince de febrero, sea también, día de los enamorados.
Que hoy, no falten flores.

lunes, 14 de febrero de 2011

¿Nuevos tiempos?

Corrían las cinco de la mañana cuando el cerebro me pidió tiempo muerto. Por mucho alcohol que me eches -advirtió-, ya no puedo estar sin pensar. Pincho su rueda justo en la fase del desfase, cuando para besar sin ganas haces de corazón tripas, vas sin casco o caes en mejor horterada que el resto del rebaño que paga a quince euros la entrada de aquel lugar donde a uno le debieran pagar por entrar. Vidas perdonadas por gorilas de puerta, las dejamos para un especial.

Pasamos de los sesenta a los setenta, de los ochenta a los noventa, y de estos últimos al ruido. Dicen algunos, ruido de calidad, pero cuando los sonidos rompen más que alimentan la palabra, por mucho envoltorio con que venga, se queda en lo que se queda. Ruido.

En su fauna contaba con tontitos a mansalva, el guardarropa sin secretos, en la barra posturitas sin pose, algún chaval con los lunares del alma por fuera, biceps de garrafón y cuanto más se vea de teta, mejor que mejor. Sombrero sin chisteras a granel, la copa con más hielo del permitido y la hartura de estar harto de preguntarse ¿Qué cojones, hago aquí?

Excluyendo de lo que ya llevaba conmigo, me queda en los bolsillos después de doce horas de noche, tan solo dos nombres. Belén y Diana. Dos mujeres, que parecen tener más adentros que miradas, dos historias con diván para poner los oídos a trabajar, quizá dos vías de escape entre tanta mediocridad. Dos de las pocas veces que te quedas con ganas de un rato más.

Entonces, la falte de ajuste de paciencia de mi hermano, la certeza de que alejar los pasos una vez alejados era poner rumbo equivocado y la gran pregunta ¿cómo explicar en tiempo record, que uno, no es uno más?

Resumido:
Tiempos modernos, el avance, la nueva degeneración...
Mucha carne y poca chicha.

viernes, 11 de febrero de 2011

Caballerizas

Gusto de considerarme caballero incluso cuando quien comparte tablero dista de saber de Damas. Trato de medir en milímetros la palabra, y vetadas tengo todas aquellas, perdónenme la licencia infantil, que “cabieran o cabiesen” dentro de un corazón. Hoy, que me muevo por el alambre del lío con el arte de liarla, sin perder de los documentos el de las identidades, sigo guardando la silla de montar en las caballerizas.
Reconozco que perder el dolor puede ser la causa principal para la perdida de la palabra. Ora que uno anda con la magia rondando, pierde de la cabeza esas tristezas tan adecuadas para las letras.
Olvidados los pasados, cuando uno se piensa los futuros con vestidos de lentejuelas, sale caro pintar La Zalema con suficiencia de dramas, con el punto justo de lágrima, con poco de sal y mucho de pimienta.
Ustedes me perdonaran, y en mi defensa solo tengo un nombre. Menos perdón merezco si además, les pido que tiren de paciencia, ya que hasta el dieciocho de febrero, no le toca a uno, hablar de princesas.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Soneto del hambre

Que caros que fueron tus besos
lejos de cualquier boca,
alma tallada de roca
y un lustro sin hacer presos.

Hoy te preguntas por lechos
donde olvidar la cota
que a ti te hizo ser sota
y cultivo de barbechos.

Ahora, deseas ser presa
de dentaduras voraces
que no te dejen ilesa.

Lujuriosa te apareces
como mujer que besa
por el hambre que mereces.

martes, 8 de febrero de 2011

Si no estas

Te enciendo
con el fuego de la llama
que sale del amor
que arrastro.

Te absorbo
con lentas bocanadas
del aire sobrante
que guardo.

Te consumo
poco a poco
y lentamente te envaso
en una idea
que más tarde
repaso en calma.

Te amo
sin censura
desde la triste distancia
que prohibe el tacto
pero no la presencia
del vaso
en que te guardo
cuando no estas.

lunes, 7 de febrero de 2011

Olvidarse

Quiero olvidar quien soy
para convertirme en lo que pienso,
para ser pote de condimentos
y leña de sincero fuego,
para derretirme como hace el hielo
en el diván de tu labio…
[y de tu beso].

Quiero olvidar quien soy
para convertirme en lo que siento,
para derrarmarme, tinta sedienta,
que juguetea en tu papel sin anhelo,
para ser la burlona palabra
que en tu corazón es seseo.  

Quiero olvidar quien soy
para no escuchar el gélido aliento…
y correr, y correr de tu mano
por un sendero libre y eterno
donde no nos alcance la marca
ni la noche, ni el día…
[ ni el tiempo].

sábado, 5 de febrero de 2011

La última pareja

Cuando respondí, no me respondieron, y de aquellos tiempos donde uno aún pensaba con el alma prácticamente no me queda nada.

Me salen muy caras las ideas para hablar de ellos, ora que en los bolsillos voy muy justo de fantasía. Lamentablemente no dispongo del suficiente talento para explicar con letras lo que se dice sin palabras. Neruda diría que le gustan cuando callan, cuando hay silencio, cuando no hace falta decir nada.

Yo, me limito a sonreír por dentro, a animarles a que en su pensamiento sigan teniendo tan claro que merecen la pena. No es envidia, ni siquiera admiración. Es instinto de supervivencia, y saber, que mientras en pie siga la última pareja, habrá esperanza.

Bichito, le llamó ella con los labios perfectos llenos de corazón, derrotando cualquier atisbo de duda sobre el origen de la magia. Me gana la ternura de sus actos, sus formas, aquel sombrero que guarda una chistera, sus pasiones, dos ojos del color del mar, sus pequeños enfados, sus corduras, sus defectos y todas aquellas historias que se vislumbran detrás de las puertas cuando el día es cosa de dos.

Viéndoles, de nuevo parece fácil volar sin alas. Es un tango perfecto con los ojos llenos de miradas. La magia de compartir cama, vuelve a tener sentido ahora que vivo perdiendo la calma en cada latido.

Cuando uno les ve de cerca, un armario para dos deja de ser mito. Es entonces cuando te ganan la partida las ganas de no perderse en los excesos de la noche, cuando quieres que por la mañana el espejo no le devuelva un clown a tu cara, cuando no parece tan milagro que dos personas compartan lado en la cama. 


No son, ni Magno, ni Troya, simplemente, Elena y Alejandro.
La última pareja, la última esperanza.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Un martes cabrón y una pregunta

Con el pasado plagado de hipotecas fui a un martes cabrón de futuros inciertos. Fue en Febrero, hace tan solo un día y sin luna de por medio. Con la luz de reserva encendida y las maletas perdidas en cualquier aeropuerto, uno ya no recuerda a estas alturas si viene o si va.
Aprendí a base de fuerzas que es necesario para poder levantarse primero hundirse. Y en cuestiones de Titanic, cualquiera que me sepa, me reconoce bueno. Lo que más quise fue lo que más me quiso matar y pese a las trabas de mis pensamientos que me dictan que tire la toalla, no puedo evitar tener esperanzas cuando toca de nuevo empezar a soñar.
Ayer, fue el día perfecto para comprar todas las acciones de vudú. De porque me dolía el corazón solo tengo la certeza. De la sensibilidad de mis yemas, solo me quedaron estigmas, de la cama, solo la pesadilla diaria que me recuerda que por mucho que me empeñe en olvidar, a veces, los sueños, sí que son de verdad.
Hoy es otro día. Me costó levantar el alma, pero pude. Fue entonces cuando sucedió, y a bocajarro, como nunca lo había sentido, me asaltó de frente la pregunta:
- ¿Merece esto la pena?
- Por supuesto que sí.   

martes, 1 de febrero de 2011

Panes y peces

En carentes rebanadas
has repartido tú el pan,
de los peces, mejor no hablar
y a ese vino que es tu sangre…
le falta tanto macerar.

Te escribo para que no existas
y así poderte insultar…
por la muerte de la luna
por la maldita inquisición,
por la suerte y la fortuna
que de ti no tomaré yo;
por los sabios que calculan
que el amor es cosas de dos,
por el plañir de una puta
para la que no hay corazón,
por lo extraño de la fruta
y por obligarnos al no,
por las tasas y las multas
que nunca te pagaré yo.

Te creo para darme excusa
por lo agudo que resulta
sentir al pobre que es pobre
con la casa de cartón,
te encarcelo por memoria
por lo falaz de tu puerta
y ese traje de etiqueta
que se pide para el cielo…
Por cada iglesia que llenas
para ego de tu grandeza
porque se te corte el alma
como a mí este papel,
por el rojo sabor acre
del que carece tu piel.

Te invento para negarte,
levantar alto mi cáliz
y por tu ostracismo brindar
con un vino que al beberlo
no me proponga vomitar.