domingo, 9 de diciembre de 2012

Traspasando el país de Alicia

Todos las personas piensan que el punto medio entre el bien y el mal está justo donde ellos lo ponen.

Esto es aplicable para todos los puntos que poner, incluso los finales. Quizá por eso no me cueste cerrar este discurso que se me queda ya anticuado, extraño, como escrito por quien ya, ni siquiera fui, seguro, quien no soy.

Hacer dictados a lo pensado, a los sueños, esta pasado. Así es. En la época de los Justin, de los Brad y algún Duque de por aquí, ya nadie se acuesta con Cyrano.

Fue sin embargo placer, la mayoría de las veces. Otras no tanto. Escribir es escribir, tan sólo y tanto.

Fue en otras ego puro, aún algo guardo, agradecimiento, mentiras honradas, dudas en base a la duda, decir por decir, seriedades, mal intento de cuentos, catas, alguna mirada perdida echada a perder, balas sin salida, caricias dirigidas y algunas, incluso, de verdad.

Siempre demasiado yo mismo, fuera quien fuese. Quizá error, ora que pienso que a un escritor no debe vérsele la cara. Un trabajo más de junta letras que de prosista. Cuestión de cuajo, le supongo, y de falta de canas para esta palabra que va teniendo cuerpo de hombre.

Retiro la tinta de este escaparate, llegó la hora de llevarse la cantinela a otra parte.

Antes de decir adiós, una ultima pedida, la próxima que tengan oportunidad, no lo duden, acuéstense con Cyrano. Háganme caso, les sabrá mejor el desayuno.

Y así es el cartel de traspaso para el país de Alicia....

Sin precio.


miércoles, 25 de julio de 2012

Mi amiga

Le valdría que la avala aquel amigo que solo aparece en las películas, el de las series con final feliz y los sueños donde el provenir es tan solo al aire una moneda. Aquel que evito al teclado, no fuera a ser que se me vieran demasiado los adentros en una página de Internet.

Va por tanto de garantía sobrada.

La escribo por buenas y malas razones, como cuando se escribe de verdad. De fundamento con mandamiento inclusive, va el que lo merece. Porque es buena bajo lo bajo que quisiera dejarse ver, porque después de tanto tiempo la pieza encaja y uno ve que el puzzle era de los imposibles, el sencillo.

Les hablo que el título de este texto no me sale gratis, me costó, me cuesta, nos costará mantenerlo porque nos “semos” el hielo y el fuego, el disparate y el escaparate de los cuentos incumplidos, las ganas con las malas formas de sernos, las palabras contra los silencios, tan jóvenes como viejos, la mirada que nada dice con el arma cargada y viceversa y la viceversa de la viceversa.

A un paso de lo que no frecuento la tuve en aquellos tiempos donde la cera me pudiera patinar el rostro, y fuera de que me soportara con más o menos gracia los desprecios, no hubiera dado un par de centavos por este texto. Y así es esto, la vida, seas o no seas Pedro Navaja.

Crecimos, y a ella le salio voz, y a mi se me fugo el pelo, y nos dimos con piedras a veces por azar, a veces por el gusto de descorchar un botella de vino al fracaso, siguiendo solos aunque con gente la mayor parte del camino, rompiéndonos los huevos cada vez que el mundo nos confirmaba que lo queríamos era lo opuesto a lo que creíamos.

Crecimos tanto que hasta nos olvidamos el orgullo del pasado en el futuro, y los granos del acné, y la tinta invisible que dejan las palabras cuando pasan de silencio a voz alta, y la soberbia del no saber, y los quien, y los dieciséis…

Crecimos y nos dimos cuenta de que era el mismo barco a la deriva, que no estábamos preparados, que aún era demasiado pronto para ceder, de que nos faltaban algunas de las palabras del diccionario, que no costaba ni tanto ni tan poco, decir;

-          Mi amiga Noemí.

martes, 24 de julio de 2012

Toca

Surge la idea, como eco de la resonancia del espejo del movimiento. Va. Sé. Me pongo complicado cuando hago carbones los pensamientos aunque la tinta salga del Dell que me pisa los sueños. No le culpen, es el dueño.
Hoy toca vestir de lujo la idea, de soñar con que no nos restan las esperas de que el mundo puede ser mejor de lo que es, de cosernos las mallas hasta hartarnos de hartarnos al cubo y otra vez, de pedir las afrentas de la ronda que supone volvernos cuerdos con las madrugadas de traje, corbata, y lata para comer…
Hoy toca consumirse en las aliteraciones que alitero para hacer frente a la afrenta de la falta de talento que me corroe los dedos, a las lágrimas que me coleccionan sin permiso el hielo derretido que me rompe…
Hoy toca leerte la carta que nunca escribiste para morirme en ella, para vivirme en el margen derecho, justo donde no llegan aquellas palabras que te tiemblan en las noches, en la conciencia, en las oraciones, en esas religiones que por falda corta y alma altanera nunca aprendiste.
Y qué decirte que no te hubiera o hubiesen dicho ya, cuando se vende el refrán a peseta extinta en los mercadillos de bar, con que aliviarte la tristeza que nadie te puede aliviar, con que pagarte la deuda, más objetivos, más el alivio que aunque pagaste con alma, nunca pudiste encontrar.
Va en el cajón del desorden este texto corrompido, ilícito y con la mala saña de quien con todo perdido se sabe ganado, de quien huye del rebaño, de quien te dice que tu idea, vale mil y un millones de veces más que estas letras, y orgulloso, como soy, te las regalo, para que las cedas, para que las quiebres, para que te las lleves donde nadie, ni siquiera quien pudiera, pueda leerlas…
Hoy toca…
¿Mañana?

viernes, 20 de julio de 2012

La Constancia

La constancia es quererte como nadie pudiera imaginar que se pueda querer incluso cuando no te quiero, tenerte sin tenerte, saber del vértigo que a uno le da soñar despierto, y la conciencia de estar al tanto de que estar con vos, es estar a un beso de distancia del cielo.
Es mirarte ahora como te mire la primera vez, endeudado en tus andares, no pudiéndote creer.
Es besarte ahora mejor que cuando te besé, con tus labios precisos en mis labios tembleques.
Es vibrar, de la piel al hueso, con el día a día, con las noches donde tenerte a un par de palmos a la derecha es de largo el mejor de mis lujos.  
La constancia no es que me mate como me mata tu cuerpo, es crear hogar en tu pecho, y hacerte con mis brazos un lecho para que te guardes.
Es salvarte y que me salves, y contar de a uno los secretos de tus ojos, mar verde, donde me pierdo, donde quiero vivir, donde parece decirme la suerte, quédate conmigo.
Es en el sur y es en el norte, justo al este del oeste donde quisiera fundar iglesia con tu nombre, y ser tu cruz, y tu pecado, y tu pan, y tu castigo, y tu indulto.
Es darte versos aunque solo me queden palabras, escribirte en la pared te quiero, aunque en real ponga te querré siempre, y ser tu amigo, tu enemigo, tu fiebre, tu llave… tu tiempo.
La constancia es quererte como nadie pudiera imaginar que se pueda querer incluso cuando no te quiero… quiera yo, o no quiera.
Es esto, todo, siempre.

lunes, 18 de junio de 2012

Volverte

He vivido mucho, no tanto como para perderme pero si lo suficiente como para a veces, estar perdido.

Mi corazón es ya un ministerio, el baúl donde se guardan los objetos perdidos, un olvido, un linaje de todos y cada uno de los cuentos que se han ganado, que se han perdido.

Entiendo muy a mi pese, que cueste cada vez más leerme, ora
que escribo del atino y el desatino juntos dentro de una cuadricula. Ni quiero, ni me pierdo el destino, venga de donde venga, sea como sea, aun cuando cueste mantenerse.

Ser yo, solamente eso pidiera, ser yo aunque tú, ni él, ni los otros me quieran, solo ser, cederte el asiento a cambio del silencio, respirar y beber sin calma la copa de vino.

Vendí que moriría por tus labios solo cuando fue cierto, pero esta noche, que cobro al costo las palabras, solo me sale contarte que ni miento tanto cuando vero, ni digo la mayor de las verdades cuando embusto. Si te di palabras, fue por que las ganaste, no va más.

Resumiendo, un contraste, un lujo, una ruina, un ni si, ni no, ni todo lo contrario.

Doy palabra.

En esas fui aprendiendo que el amor es un estado de tiempo, que dura lo que dura eternamente, y que luego se acaba. Y que contigo no son nunca verdad las frases perfectas y todo lo que uno ya cree saber, lo desconoce por segunda vez.

Me cambias el mundo, y los colores, y los sueños, y los versos del rosario que nunca me aprendí, y las formas, y los verbos, y la melancolía de las canciones, y las ganas, y los techos y las letras, y los dedos de las manos con los que toco tus pasiones, y la lengua, y los labios, y los dientes con los que aprieto el mundo, y los lunes con tu olor en la ropa, y el martes perdido, y la misa, y el pecado, y el orden de las letras del abecedario que mal uso para tocarte los huesos con un te quiero encontrado.

Y así, me hueles a fosforo recién encendido, a sudor de cama, a ojos de oliva y yaga, a un trocito del alma que a en el alma, a caricia, a contractura de espalda, carcajada, voz… y por encima de todo palabra.

Se hacen entonces vivos los pasos cansados, y sin pretenderlo, vuelvo a morirme por uno solo de tus besos, por tu idioma enredando, por tus senos duros, por el vendaval de renglones que me llevan de piel a nombre.

Vuelves tú, y el mundo se vuelve del revés.

Sentado solo con los pensamientos y esta hoja de papel le voy dando el primero de los estoques a esta etapa, a esta Zalema, a este conjunto de penas, glorias y escaparates que se han ganado a pulso descansar.

Es hora de cobrar las palabras. Es hora de volver a empezarte.

jueves, 10 de mayo de 2012

La Renta

Antes de invitarles a que me acompañen por estas palabras, les advertiré de que no soy objetivo. Y tampoco lo pretendo, no engaño. De los sitios que pudiera frecuentar, este, se parece mucho a un hogar.

Sus manteles de ajedrez mueven pieza primero, mientras uno aún no acaba de darse cuenta, de que ha entrado en un lugar especial.  Se debe empezar por la barra, donde la caña es perfecta, de golpe y buen tiro.  Aceitunas y ensaladilla acompañan los verbos, Ahora que el alma parece estar contenta y el cuerpo va haciéndose lugar entre amigos y susurros, uno parece conseguir olvidarse que hay un mundo esperando fuera. Las yemas notan el sabor a madera vieja, y tras las voces si uno gusta, puede sentir música con sus seis letras completas.

La Renta hoy, es un lugar que en su día fue un sueño. No es cosa baladí, hoy que los sueños se venden en pack de tres, en ofertas de internet, enlatados en un llevese dos y pague tres. Lo es, por el trabajo con ganas, por el excelente mimo de una idea, por hacer del arte escuela y sin olvidar lo aprendido llenarse hasta arriba los bolsillo de sed por seguir evolucionando.

Con el vino, sentido y paladar empiezan a escribirse en mayusculas, habrá quien aún no se de cuenta, pero uno ya empieza a encontrarse un pasito más cerca del restaurante que hay en la esquina de la avenida principal del cielo, justo frente a la rotonda donde damos vueltas los que aún no tenemos ático en el paraiso.

Puedes elegir Mallorca, a doce voltios por segundo, uno parece sentirse mejor, aunque hay Somontanos, por supuesto Rioja, Riberas y hasta tintos reveldes de Cadiz que quieren ser tan gigantes como los molinos del norte. Creerlo imposible, de una uva, de su caldo a la Baco, sale un sonsorada mejilla guardían de los ojos que te miran. Pudiera ser cabernet, o bienvenida de la mesa más redonda que pudiera parecer merlot, amanecienda tal tempranillo, de la ira novelada cuando bien nombrada es sira, quizá fuera que pudiera ser que fuera una pinot. El caso es que la naríz sale en el proceso “colorá”, y a uno se le llena el vaso del alma de esperanzas.

La carta viene con sorpresas, con ensaladas que saben a mojada hierba, con fantasías para el pan y el tomate aunque en madrid les salga a la catalana, con un cuento que habla de pamplinas, de las setas donde viven los duendes, con xanas confitadas, con tirabeques al dux de una legión romana y evoluciones de huevos que se escriben con tinta negra.

Vienen las mesas entonces sencillas vestidas de complejos triunfos, dulces con salados, amagos de amargos que no amargan, picantes que no molestan, el mar con la tierra en unos centímetros de plato cuadrado con magia.

Quizá digan algunos que es un lugar cualquiera, quizá, gente con mal gusto la vi en todas las fronteras: Pero si el azar o la suerte, allí les lleva, háganme caso, relájense, cuiden de disfrutar la compañía y déjense llevar por un lugar construido por personas que siguen soñando.

Y todo esto, no vale lo que vale en monedas.

sábado, 21 de abril de 2012

Insert Coin 2


Pongo título de cine americano para esta segunda parte, donde como dije en la primera me sigue preocupando en un cuarto de punto ser partidario. Lo asumo, y me preocupa poco, entenderán que viví el principio, aquellos tocar por tocar aún sin nombre, y que me llevó a ellos la amistad. Por todo eso no me puede el miedo cuando  afirmo que avalo ese sonido, que aun sin oídos te toca los sentidos.

Hoy no me guardo secretos, está inmensa la VOZ, está Elena, el Doctor, Nelson, Marcos y la madre que los pario.

Del aquel del seis de enero, perdónenme las vergüenzas, no diré mucho. Hay delicatesen que uno prefiere guardarse para si mismo. No deudo en exceso de objetividad si les digo que da el latir de corazón necesario para que un grupo suene a vivo. Lo hace como todas las cosas que hace, sin darse importancia, con pausa, con el justo toque de elegancia de quien sabe que mantener la compostura detrás de la mirada basta. De todo lo vivido, quedase este Quijote perdido con su amistad, una copa de vino y la satisfacción inenarrable de hablar hora tras hora el mismo idioma.

Ponen al orgullo por regla general acepciones negativas, malas cosas, digo yo después de un catorce de abril donde se pone de tu parte, que vivir con gente así es un privilegio.

Del resto, que son todos los demás, y los demás de todos, puedo asegurar que me dejaron sin palabras, y tras varias notas, y días de reposo, he tenido que buscar en la mejor de mis alacenas las letras que no tengo para describirles lo que se siente escuchando en directo a Insert Coin.

Elena le pone al talento glamour, clase sobre el escenario, y una sonrisa que para mundo y respiración. Mientras te deslumbra el blanco puro del bajo de un tal Andrés que en las yemas de los dedos parece tener el secreto del ritmo bien entendido. Cierto que es mejor como persona que músico, pero que demonios, músicos buenos los hay de todos los palos,  ¿pero donde encuentran ustedes personas así?

Soy fan del talento, incluso, del que se me escapa de lo que comprendo. Por eso, ese Nestor al que mal llamo Nelson me pone los sentimientos en su nota justa. No se me va la locura de madre, son solo cuerdas, cierto, seis más en concreto si no me fallan las cuentas, no le hace falta mucho más para llevarte a mover los pies sin pisar el suelo.

No me olvidé, no podría, de mi amiga Noemí. Tiene el alma indomable, la franqueza por norma y los sentimientos en la primera capa de la piel. No puedo escribir lo que hace su voz en una canción, no existen esas palabras, pero quedensé con que pudiera ser algo así como contar al revés hasta tres y al llegar a cero decirse… Si estoy durmiendo, por favor, que ni Dios me despierte.

Resumo, para quien necesite de más crudeza y menos retórica, me cago en el operación triunfo, si es por gastarme los cuartos, darme suelto porque es el momento de Insert Coin, es el momento de la música sin espinas.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Insert Coin


Será en sábado de febrero, en Boadilla del Monte, en el escenario del Rock and Play donde pondrán al desnudo sus talentos un grupo de cinco. 


Aviso que soy partidista, como lo soy de todo aquello que merece la pena. Y esto lo merece.
Doy fe. 

Manejo información privilegiada. Aprendí en sus tanteos que la música sin ser oficio, también es trabajo, que se puede hacer arte en el combinado de amigos y guitarra, y batería, y bajo, y voz, y que hay lujo aún sin discográficas, aunque sean de sonrisas, de guiños, de un abrazo cuando un abrazo hace falta, de música sin conservantes, de tocar por sentir.

No me dieron las genéticas los juicios del oído necesarios me podrán decir. De ritmos, solo entiendo los de las palabras, para creerlo solo hace falta oírme cantar. Sin embargo, me dio la suficiente sapiencia el corazón, el instinto y alguna que otra noche de ensayo para saber que estos, la tocan de puta madre. 

Percusionado mi hermano, pone en las baquetas (se alegrará de saber que sé escribirlo aunque no sepa decirlo) ese alma indomable que también les recomiendo, para las emergencias hay un doctor en el bajo, el Dr. Andrés, y una caricia hecha mujer por guitarra, Elena se llama. Puntea Nestor, al que poco conozco, y al que ya admiro los dedos. A la voz, justo a un paso del vértigo que debe de dar el proscenio, tendrán ustedes un autentico privilegio. De las cosas que tienen precio en la vida, no muchas valen tanto la pena. Decir Noemí, es decir cuerdas vocales cuando estas, están llenas de emoción. 

No es menester de este que les escribe el hacer propaganda y por tanto no la hago, pero que cojones, estimen o no estimen estas letras, vayan, pasen y vean, disfruten y llévense los bolsillos del sábado llenos de música sin espinas.

Aunque ni falta que les hace.
Yo les avalo.

martes, 7 de febrero de 2012

En sus bolsillos

Se levantó Pedro perdido. Aún era noche y mañana al mismo tiempo. Se anduvo el pasillo sin un solo pensamiento desde su cama hasta la cocina, preparó café. Espeso. Solo.
Aún no había soltado las amarras del sueño, pero aunque todo estaba igual, todo le parecía distinto.
Desayunado, visitó el vestidor. Eligió fácil, pantalón negro, camisa blanca. Aún seguía el frío cobrándose en el aire pieles de gallina, por lo que reforzó el torso con una falsa chaqueta para cubrir las carencias del abrigo. Zapatos, guantes, bufanda y sombrero. Todo negro. Para un martes de febrero opto sin elegirlo por lo sencillo.
Sonó el despertador con él despierto. Lo apagó. En los últimos tiempos que recordaba, no estaba de paz con el descanso. Dormía poco, generalmente mal, y aunque nada malo le pasaba, nada bueno esperaba.
En sus bolsillos las llaves del coche, separadas de las de casa. Un bolígrafo, descuido de la jornada de laboro anterior. La cartera, más vacía de lo que él quisiera pese a rondar aún las primeras semanas del mes. Una factura, doblada en cuadrados perfectos de la tintorería donde trabajaba aquella mujer que sin saber porque hacía que todo se supiera.
No es que no necesitase realmente de tintes, ni de planchados ajenos. Pero seguro, que no tenía suficiente de atrezo y galas como para visitarla una vez por semana. Al menos quedaba cerca de casa, resignose siendo este su primer pensamiento del día.
La factura era de ayer, justo de la fecha donde empieza a existir el olvido. La guardó sin mirarla al cogerla, la tanteaba mientras entraba al viejo mesón, allí en ese papel de tacto indescriptible, estaba su tacto.
Compartió fino tinto de la Ribera con dos amigos. Un lujo para su bolsillo, un imperdible dentro de las cosas que uno puede o no puede perderse. Se lleno de risas, y por momento, ganó el combate a la melancolía. Si fuera la vida cuestión de alistarse, que mejor que hacerlo a las trincheras de la barra de aquel bar, donde todo el mundo cabal calla lo que piensa cuando habla y no dice lo que le mata cuando bebe.
Allí, entre copas de olvido, dobló en perfectos cuadrados aquella factura que volvía a hurgarle el recuerdo  a la mañana siguiente. La arrugó antes de salir hacia el trabajo en una bola nada perfecta, nada era distinto, su segundo pensamiento. No volveré a la tintorería, su tercero, mientras hacía de dos la canasta en la papelera donde quedarían factura y bolígrafo.
Nunca se supo, que aquel papel rosa guardaba a lápiz un teléfono, y un secreto que le hubiera cambiado el mundo.
Nunca se debieran dejar al azar, las cosas que pudieran cambiarle a uno la forma de existir, primer pensamiento, en esta ocasión del que les narra.

sábado, 4 de febrero de 2012

Ciudad Condal

Puede que hoy, con las letras mitad en huelga de hambre, mitad en huelga de silencio, me quiebre demasiado como para escribir de amores. Pero que le cuente otro al corazón que no nos queda intendencia en el cajón de las palabras para estos párrafos, ahora que con él tengo por bandera la blanca, y por contrato, el libre albedrío.

Puede que hoy, con las vocales de permiso, y las consonantes huidas a manos más talentosas para la prosa, merezca más que nunca la pena de decir en papel, que me he enamorado.

Fue a la altura de un veintiuno de enero, con el sol recién salido de la cuna y el termómetro chistera en mano, haciendo del invierno primavera. Llevaba yo poco equipaje, algo de efectivo, mujer de lujo y la sorpresa guardada en los ojos… el resto, todo el resto, me lo puso Barcelona.

Aún con la maleta a cuestas se me escapó de la correa la ilusión, recién salido del metro de la Barceloneta, la vida ya te empieza a saber a azul. Cada paso te llena las huellas, y en el puerto, no muy lejos puedes ver como aún existe el horizonte que se olvida fácil en Madrid. Que mágico me parece que aún a mis setenta y siete desilusiones, aún cuando lo veo, no sepa distinguir donde acaba el suelo, donde empieza el cielo. Viceversas incluidas, el mar se pierde allí, y pese a que me acusen con razón de reiterativo, vuelvo a decir, que allí, la vida te sabe a azul.

En el Wella descargas el polvo que ya no hay en los trenes, firman pacto las manos con esas curvas que después de diez años siguen imposibles y te cargas de besos y caricias para pasar la tarde. La capital de Catalunya te espera, y sales, y en cada baldosa hay un trozo de cielo.

En el Gotic, te das por vencido si o si. Te pierdes por el simple gusto de perderse, para que tus caminos sean todos sus caminos, y te levanta la sonrisa la plaza de aire de la catedral, y te busca en el paladar de los sueños la caricia un tinto del Priorat, y te ves rodeado por gentes montando su día a día en bicicletas, por familias enteras en patines de linea, y te puede el silencio en las ramblas con sus mimos de plata tan quietos, y te llegas sin saberlo al mercado de los sueños, la Boquería, donde un puesto de fruta es un cuento, uno de chocolates la perdición de Grettel, y una cerveza con esos ojos verdes mirando lo mejor que existe.

Puede que hoy, con más comas de las debidas, con menos talento que emoción, y con los puntos suspensivos en venta, solo quiera decir, hasta la próxima, ciudad condal, hasta pronto, ciudad azul.

miércoles, 18 de enero de 2012

Ser Político

Hoy me levanté con la conciencia intranquila, harto de estar harto, cansado, mirando por la ventana el frío de un miércoles que dejaba helado la periferia de Madrid.
Anticipo que ni impongo, ni me gusta jugar con quimeras, por lo que den solo a este texto la validez de quien opina que ser político, es ser ciudadano.
Que no funciona el sistema capital democrático indirecto creo que es palpable, hablen con sus conciencias, solo eso bastará. El esperpéntico espectáculo consentido de bancos y caja de ahorros es una vergüenza, el precio de los suelos de los municipios más variable que las condenas de un preso nuestra ruina. A estos y tantos otros hechos para lo cual yo no tengo ganas, ni ustedes probablemente tiempo, tenemos como respuesta palas llenas hasta la saciedad de tierra, para tapar el uno al otro y el otro al uno. Hoy por ti, mañana por mí, que ya eso de las izquierdas y las derechas son cosas del pasado. Y al pueblo, al estado, no se lo toca en exceso, pero al individuo se le saquea con el diezmo de la multa, esta por aparcar y pasarte diez minutos, está por respirar, esta por tardar en pagar una multa que nunca se ha enviado. Nos fríen señores, quieran admitirlo o no puedan. Uno por uno somos un insecto, un autónomo reclamando lo que le corresponde a hacienda. Los ministros son los nuevos validos del rey, y los ayuntamientos los nuevos terratenientes que hacen de las tierras de los pueblos sus cortijos.
Lo vemos, no digan que no. Lo vemos a diario. Que si trajes, que si rameras, que si al yernísimo se le ha caído algo dentro del bolsillo, que si te cedo el suelo para que me levantes cien pisos, que si me das, que si te quito, que si quiero, que si tengo, que si paso, que si voy, que si yo nunca he venido, que si yo solo pasaba por aquí… Lo vemos, no pueden negarlo, tiren de hemeroteca, jueguen con ella a la lotería y encuentre cualquier día del año, un caso de corrupción, un suceso de salvajismo político, un tocomocho, una puñalada por la espalda que nos cruje el bolsillo y lo que es peor, el alma. Nos prometen a cambio del voto que no subirán los impuestos, pero luego cambian la opinión, es necesario, y puede que hasta esté de acuerdo, ¿pero puedo yo cambiar mi voto como ellos las promesas? Son tantas las veces que donde dije digo, digo diego que hoy ya nos hemos acostumbrado. Callamos, agachamos la cabeza y seguimos con nuestras vidas.  
Pero no hay que alarmarse. Dentro de cuatro años, tenemos de nuevo todo en nuestras manos. Con todo, quiero decir que tenemos un sobre y papelitos (de colores, que no sea por estilo, ya que pagamos todos), un bolígrafo y varias opciones de las que solo valen dos. Porque nos hemos hecho cómodos, barrigones mentales, forofos de un partido que sin leer una sola línea del programa ya tenemos de antemano, de tradición, de niño, un color, un caballo fijo por el que apostar cada cuarenta y ocho meses.
Las ideas son nuestras, no son del centro derecha, los valores nos los hemos currado a pulso codo con codo cada uno de nosotros y las madres que nos parieron y tiren hacia atrás, y piensen en sus abuelos y abuelas, y en los de ellos, y los de esos, y los de mucho más allá que hacen que lo moral no sea propiedad del centro izquierda si no nuestro. Nosotros somos Estado.
Soy solo uno de los más de cuarenta y siete millones, solo un ser político, solo un ciudadano, como cualquiera que me lea. Pero hoy me levanté con la conciencia intranquila, harto de estar harto, cansado, mirando por la ventana el frío de un miércoles que dejaba helado la periferia de Madrid y pensé que era el momento de escribir con mayúsculas, BASTA YA.