miércoles, 25 de julio de 2012

Mi amiga

Le valdría que la avala aquel amigo que solo aparece en las películas, el de las series con final feliz y los sueños donde el provenir es tan solo al aire una moneda. Aquel que evito al teclado, no fuera a ser que se me vieran demasiado los adentros en una página de Internet.

Va por tanto de garantía sobrada.

La escribo por buenas y malas razones, como cuando se escribe de verdad. De fundamento con mandamiento inclusive, va el que lo merece. Porque es buena bajo lo bajo que quisiera dejarse ver, porque después de tanto tiempo la pieza encaja y uno ve que el puzzle era de los imposibles, el sencillo.

Les hablo que el título de este texto no me sale gratis, me costó, me cuesta, nos costará mantenerlo porque nos “semos” el hielo y el fuego, el disparate y el escaparate de los cuentos incumplidos, las ganas con las malas formas de sernos, las palabras contra los silencios, tan jóvenes como viejos, la mirada que nada dice con el arma cargada y viceversa y la viceversa de la viceversa.

A un paso de lo que no frecuento la tuve en aquellos tiempos donde la cera me pudiera patinar el rostro, y fuera de que me soportara con más o menos gracia los desprecios, no hubiera dado un par de centavos por este texto. Y así es esto, la vida, seas o no seas Pedro Navaja.

Crecimos, y a ella le salio voz, y a mi se me fugo el pelo, y nos dimos con piedras a veces por azar, a veces por el gusto de descorchar un botella de vino al fracaso, siguiendo solos aunque con gente la mayor parte del camino, rompiéndonos los huevos cada vez que el mundo nos confirmaba que lo queríamos era lo opuesto a lo que creíamos.

Crecimos tanto que hasta nos olvidamos el orgullo del pasado en el futuro, y los granos del acné, y la tinta invisible que dejan las palabras cuando pasan de silencio a voz alta, y la soberbia del no saber, y los quien, y los dieciséis…

Crecimos y nos dimos cuenta de que era el mismo barco a la deriva, que no estábamos preparados, que aún era demasiado pronto para ceder, de que nos faltaban algunas de las palabras del diccionario, que no costaba ni tanto ni tan poco, decir;

-          Mi amiga Noemí.

martes, 24 de julio de 2012

Toca

Surge la idea, como eco de la resonancia del espejo del movimiento. Va. Sé. Me pongo complicado cuando hago carbones los pensamientos aunque la tinta salga del Dell que me pisa los sueños. No le culpen, es el dueño.
Hoy toca vestir de lujo la idea, de soñar con que no nos restan las esperas de que el mundo puede ser mejor de lo que es, de cosernos las mallas hasta hartarnos de hartarnos al cubo y otra vez, de pedir las afrentas de la ronda que supone volvernos cuerdos con las madrugadas de traje, corbata, y lata para comer…
Hoy toca consumirse en las aliteraciones que alitero para hacer frente a la afrenta de la falta de talento que me corroe los dedos, a las lágrimas que me coleccionan sin permiso el hielo derretido que me rompe…
Hoy toca leerte la carta que nunca escribiste para morirme en ella, para vivirme en el margen derecho, justo donde no llegan aquellas palabras que te tiemblan en las noches, en la conciencia, en las oraciones, en esas religiones que por falda corta y alma altanera nunca aprendiste.
Y qué decirte que no te hubiera o hubiesen dicho ya, cuando se vende el refrán a peseta extinta en los mercadillos de bar, con que aliviarte la tristeza que nadie te puede aliviar, con que pagarte la deuda, más objetivos, más el alivio que aunque pagaste con alma, nunca pudiste encontrar.
Va en el cajón del desorden este texto corrompido, ilícito y con la mala saña de quien con todo perdido se sabe ganado, de quien huye del rebaño, de quien te dice que tu idea, vale mil y un millones de veces más que estas letras, y orgulloso, como soy, te las regalo, para que las cedas, para que las quiebres, para que te las lleves donde nadie, ni siquiera quien pudiera, pueda leerlas…
Hoy toca…
¿Mañana?

viernes, 20 de julio de 2012

La Constancia

La constancia es quererte como nadie pudiera imaginar que se pueda querer incluso cuando no te quiero, tenerte sin tenerte, saber del vértigo que a uno le da soñar despierto, y la conciencia de estar al tanto de que estar con vos, es estar a un beso de distancia del cielo.
Es mirarte ahora como te mire la primera vez, endeudado en tus andares, no pudiéndote creer.
Es besarte ahora mejor que cuando te besé, con tus labios precisos en mis labios tembleques.
Es vibrar, de la piel al hueso, con el día a día, con las noches donde tenerte a un par de palmos a la derecha es de largo el mejor de mis lujos.  
La constancia no es que me mate como me mata tu cuerpo, es crear hogar en tu pecho, y hacerte con mis brazos un lecho para que te guardes.
Es salvarte y que me salves, y contar de a uno los secretos de tus ojos, mar verde, donde me pierdo, donde quiero vivir, donde parece decirme la suerte, quédate conmigo.
Es en el sur y es en el norte, justo al este del oeste donde quisiera fundar iglesia con tu nombre, y ser tu cruz, y tu pecado, y tu pan, y tu castigo, y tu indulto.
Es darte versos aunque solo me queden palabras, escribirte en la pared te quiero, aunque en real ponga te querré siempre, y ser tu amigo, tu enemigo, tu fiebre, tu llave… tu tiempo.
La constancia es quererte como nadie pudiera imaginar que se pueda querer incluso cuando no te quiero… quiera yo, o no quiera.
Es esto, todo, siempre.