martes, 11 de octubre de 2011

Poema sin verso

Me pides el poema trece y yo me quedo a dos peniques las palabras.
A cambio me regalas la vida latente de tu pecho, y soy Dios que existe, si te muerdo la boca y no te veo en la mirada las veinte formas que existen para fugarse.
Me gusta cuando callas que no te vas, y te quedas, y no dices que el presente es el molar de los granos de la esperanza de lo que vendrá.
Me gusta cuando tus oídos acomodan mi susurro, y entienden, y saben sin saber el secreto de las palabras, y sonríes conociéndome, y ser yo en ti, contigo, resulta tan fácil…
Poema sin versos te doy, algo converso y sin compostura, que no entiende de leyes, ni de ritmos, ni de las silabas necesarias para contarte los centímetros de la cintura…
Poema trece, que pierde aposta las metáforas para que tus labios sean tus labios, sin más, sin menos.
Que no viste tus ojos con el color de las olas, y los mantiene intactos, con su verde estudioso cansado, con su lección aprendida, ya sabidos de que para mirar lo que miras por dentro no hace falta mirar hacia atrás.
Tu lengua es tu lengua, y de ella, nada puedo contar que no sea secreto.
Tu cuerpo entero es el cuerpo, cajón de pecados, donde yo soy yo, donde el tiempo pierde los segundos, donde una gota de sudor, es el comienzo de ese milagro para el que nos sobran panes y peces.
Poema sin verso,
aliento más que suficiente,
para dejar en el tintero la pluma,
y volver a tu beso.