jueves, 31 de marzo de 2011

Silueta

Contar los pasados suele ser el primer tropiezo para conjugar los futuros.
Ese porqué perdemos las guerras, queda en las heridas, pero no por mucho empeño que le tengas, nos entra en la cabeza.

Remover los tiempos que dejaron el presente suele dar como hallazgo, un obstáculo espinado para los sueños. Digo yo, que perdí en la arena, por pararme a contar estrellas, parte del corazón.

Dicen de los poetas y de los que escriben poemas, que nos va mejor el aire del revés. Que la musa en nuestros brazos queda pasada por agua, que el aullar se nos pone bonito cuando sangramos, que desobedecer consejos es nuestro arte, cuando una y otra vez se nos pregunta… ¿querido amigo, donde va usted?

Por mi parte, diré…

Cuando mi cuaderno de notas esta vacío, acudo al abismo de mis adentros, al negro que me hace atar palabra tras palabra, al nudo sin cuerpo, al yo del ello, y el ello del yo.

Busco entonces letras para hacerlas escudo, armadura, una tan buena que consiga que al mirarme al espejo, no me sienta tan humano.

Una tan buena, que me deje tan solo en silueta.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Negativo Femenino

La eterna promesa de escritor para quien de sus valores, nunca encontró el de venta, me parece premio más que suficiente para su consideración. Y que ya me tocaba de hace tiempo venir un rato a su lado, a tocarle el corazón.

Me sabe a buen vino una comida de martes con vos. Mí querido negativo de foto. Mi lado positivo del yo, y el masculino de mí femenino, con todas las viceversas que usted quiera.

Empezaré por reconocerle, lo fácil que sale convertir una comida de martes, en cena de domingo, cuando es a ti a quien tengo enfrente. Dicho queda, que con el lunes ya caído, presta a los detalles, más atención el corazón.

Las mismas lunas acompañan nuestros países, lo aseguro. Da igual si quien reina, reinaba o reinará (le dejo a su merced, la elección del tiempo verbal) es princesa a destronar o califa. Al fin y al cabo, lo único que pedimos al destino, es que nos devuelva un poco de lo que le dimos. Si lo piensa, quizá no sea pedir tanto.

Dices con razón, lo cual firmo como propio (ya me conoce como ladrón de frases), que no tenemos rotos los sentimientos, que tan solo están gastados. Por tanto, no te negaré, tampoco podría, que resulta demasiado caro el fuel, ahora que tenemos el sueldo de la ilusión recortado y anda jugando con las nubes la tarifa del petróleo.

Contigo no jugaré a las adivinanzas. Honor obliga, a afirmarla, que a pesar de las barricadas, el adverbio esperanza se nos va a verbo. Siendo ahora el gerundio de espera, o incluso, para hacer más pie en las exactas, condicional.

Cambiamos tantas veces doblones de oro por peniques de cobre, que fundimos de nuestros adentros las islas del tesoro. Con tan poco efectivo y sobrios como cubas, es normal que digamos, que esa pinaza, bien amarrada queda en el Puerto de la Independencia. Mejor amarres, búsquenlos en otra parte de La Zalema.

Ahora, jóvenes viejos, ya solo nos quedan los restos. Un par de huevos por si hay algo que freír, la soltura de decir que no, cuando no queremos decir. La cabeza alta, el orgullo de quien hizo todo lo que pudo, incluso cuando nada pudo hacer, la torpeza de no saber, si saber querer. La garganta con más sentido del ridículo del debido, y una paz, a punto de guerra en el interior.

Mi querido negativo, solo puedo y quiero decirte, y para esto, me sobra todo lo anterior. Que en la chistera, aún nos queda el último abracadabra.

No le quepa duda, le confío mi palabra, más no tengo. 

martes, 29 de marzo de 2011

Si supiera


Si supiera escribir, haría un tango para contarte los otarios que lucharon por tus sabanas, los caminos que no se puden andar con pasos, las lunas que comparten con el sol colchón, tus brazos, tus pechos, tus labios, los besos que te faltaron, los sueños que te cambiaron de estación, tus piernas, tus muslos, tus parpados, todos esos sábados que por mucho pintarlos acabaron en marrón, tus sonrisas tristes, tus cargos, tus tristezas envenenadas que acabaron en cinco centímetros menos de falda, y los tantos y tantos cerrojos con los que candaste el corazón.

Si supiera escribir, haría de ti un soneto comprensible, una dirección, un poder para ir en contra de la devoción, un saber perder, un buscador para las almas, un volver sin la frente marchita, un nuevo amanecer donde no haya más astro rey que tu boca.

Si supiera escribir, haría de vos, porque no decirlo, otra mujer. 

lunes, 28 de marzo de 2011

El abismo


Acumulado es el cansancio que me lleva hoy a estas palabras. Vengo tenso, con el bastón de la razón demasiado apoyado en el suelo. Gastado. Con la ilusiones como cometa, volando, pero con cuerda.

Escribo, a pesar de que no quiero que nadie me vea los secretos. Entro en cada línea con mimo, siendo cada palabra la última palabra que escribo. Sintiendo, dejando que el latido me marque el ritmo contrario a esta decadencia.

Un amiga se acerca para mimarme las contracturas del alma, mientras que un amigo me mira con cara de asombro… ¿Tan mayor usted, y aún creyendo en molinos de viento?

Así, me acerco al abismo sin nada que decirle.

Y estoy tan encima y tan debajo de la noche, que me doy miedo. Sin ser quien fui, ni quien seré, queda tan solo la amalgama del recuerdo de quien ya nunca seré.  Queda eso, y un norte con la magia de devolverme los sueños.

Es su nombre la tijera que corta la cuerda de esa cometa. El viento. La única forma de las admisibles de que el descreído del espejo que me recorta sentimiento ceda terreno. Me sé imposible sin creer en lo que creo, aún no sabiendo, si es posible.

Así, me acerco al abismo sin argumentos para darle.

Me acuesto entonces, con los ojos vacíos. Duermo las letras en este párrafo, y trato de pensar en que en este momento, sale más a cuenta dejar en un baúl los pensamientos.

Toca partida de escondite inglés, y aunque ya nadie sepa contar hasta tres tengo en la recamara una última bala. Una nueva vez para ser de verdad quien soy, para olvidar el papel en el que esta mañana les cuento que ahora ya si tengo para el abismo algo que decir.

Le grito; y mi eco repite: Pensarte es saberse a un beso del cielo.

viernes, 25 de marzo de 2011

Cruz y anverso


Ya suenan las campanas
y dos mudos que no sordos
manifiestan bajo un toldo
el sí a la presente alianza.

Ya viene el negro coche
con un cuerpo de madera
para convertirlo en piedra
en el grito de la noche.

Y baila el día
y cala el silencio,
ya aman los Vicenzio
y calla de luto María.

Ya está otra vez la vida
y la doble cara de moneda,
en su cruz, cuerpo de madera,
y al anverso, lo que usted le pida.

jueves, 24 de marzo de 2011

El vaso donde te guardo


Te enciendo
con el fuego de la llama
que sale del amor,
que arrastro.
Te absorbo
con lentas bocanadas
del aire sobrante,
que guardo.
Te consumo,
poco a poco
y lentamente te envaso
en una idea
que mas tarde,
repaso en calma.
Te amo,
si censura,
desde la triste distancia
que prohíbe el tacto
pero no la presencia
del vaso
en que te guardo
cuando no estás.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Carta abierta a un amigo

Dice mi amigo Coque que no me ande tanto por la calle de en medio. Que me plante, que decida, que termine con un órdago a la grande esta eterna partida. Me propone que entre el blanco y el negro no haga mezclas. Con razón, me advierte, que soy demasiado pequeño para seguir buscándole a la luna las cosquillas, que quizá ni las tenga, que dejé de jugar a ser poeta cuando no escribo, que coja por los huevos al sueño y le aplique el factor sorpresa.
Responderle me parece sencillo, ya que le entiendo la pregunta y el consejo. Sé de la noche por sus curvas, que es de mentira. No me corrompen más de lo necesario las luces de neón. Incluso aunque llevo de lo bueno, la mejor compañía, suelo llevarme a la cama nostalgias. Melancolías eternas, de las que no se ahogan, de las que quedan tan clavadas que sacarlas, supone desangrarse.
Aunque a veces ahora lo parezca, no he tachado aún de mi diccionario ninguna de las palabras que en otro tiempo fueron mi alfabeto. No he cambiado de sueños. Ni siquiera por doblones o especias de contrabando puedo cambiar mi bandera blanca por la de corsario. ¿Conoce usted pirata, que no diga te quiero a cualquiera?
Responderle en voz, truncada, me parece complejo, ahora que no puedo apostar con seguridad si de los cuentos soy el bueno, el malo, o simplemente, el feo. Tan solo soy lo que queda de mí y unas gotas de magia que guardo escondidas, por si toca, por si llega el momento de montar de nuevo un cuarto para las hadas.
Dice mi amigo Coque, que me plante, que pregunte, que reciba o ponga en el tablero el jaque mate. Y yo sé, que tiene razón. Sin embargo, es cierto que no puedo. Cualquiera de las dos posibles respuestas, me hace temblar de miedo.
Hasta que pare ese temblor, me necesito con abismos, me necesito con vosotros.  

martes, 22 de marzo de 2011

La Zalema y yo

Pregunta un amigo, por cierto, innegociable, si La Zalema soy yo, o yo soy la Zalema.

La cuestión tiene sus razones. De todas ellas, pudiera destacar que él me acompaña cuando me pueden mis debilidades. Él está también cuando aparento olvidar los valores, cuando me miento a mi mismo, cuando me vale un mensaje que no quiero para seguir viviendo, cuando me pierdo, cuando no tiro de instinto y me callo las verdades, cuando no me miro en el espejo, cuando pierdo la calma, cuando pongo por encima mis necesidades a mis verdades, cuando ni yo mismo me creo mis verbos, cuando guardo silencio, cuando estoy con tanta gente que me siento tan solo, cuando cabalgo una noche vivo mientras me muero por dentro, cuando me puede, cuando me golpea tanto esa frase de “ahora, el malo soy yo”.

Él está cuando soy demasiado humano, cuando en el cajón de las letras me quedo sin palabras, cuando no escribo, cuando por sueño tengo un castigo, cuando el miedo de no tener hogar me hace nómada, cuando no sé regresar a la cama, cuando se estropean los cuentos, cuando aquella mujer que nunca soñé me dice que no, cuando la mujer de mi vida no está, cuando el norte parece quedar tan lejos, cuando el labio se me tuerce y lo que queda de mí es una caricatura, cuando abuso de la aliteración en tales excesos que merezco dejar de sentirme escritor.

Sin embargo, me parece un punto de vista interesante para poder uno acercarse a una de esas preguntas universales:

-          ¿Quién soy?

¿Son espejos mis palabras en este blog?, ¿Quizá solo reflejos?, ¿Retazos del alma que aún queda?, ¿Cuánto hay del yo?, ¿Del ser uno mismo siempre?

Querido amigo, a tu pregunta, hoy, que me hago cansado de mi mismo, de mi parodia, solo puedo responderte con otra pregunta.

¿Cuándo crees tú, que soy más yo?

lunes, 21 de marzo de 2011

Crítica para la crítica personal

Trasmito, tal cual, concediéndome tan solo la licencia de acentuar el “actúan” por eso de las apariencias, la crítica de un lector, al cual, principalmente, le agradezco la preocupación extrema hacia mí persona.
Queda expuesto el cartel de aviso, que dice, que no convertiré esto en costumbre. Explico que tan solo respondo al ataque personal. La crítica a mis textos posiblemente será compartida en la mayoría de los casos.   
Me dice así:
Es muy de preocupar,
aquellas personas que siendo inteligentes, manejan la palabra y por ende, la escritura, los sentimientos y las emociones.

Pero que no actúan, sienten, se comportan y ni tan si quiera, llevan a la practica... en la vida Real.
Dígole yo:
Estimado Lector;
Le aclaro, como punto primero, que no me atrae de su pinchazo la revancha. En todas mis vidas, nunca creí en la venganza. Quién me hizo daño lo sabe, tiene usted permiso y licencia concedida para preguntar. En cuestiones de duelo a espada, yo apuesto más por perdonar, aunque es cierto que eso suele conllevar destierro.
Como digo en la presentación de La Zalema que espero haya leído, siendo de su agrado, admito ser humano. Dicho esto, sin más disculpas que las debidas, decirle que siento si en sus líneas no pude, no supe o simplemente no quise, hacer versos. Ni yo siempre soy poeta, ni las musas son siempre musas. Entenderá usted que hay gente que solo entiende que te cagues en su puta madre o que la mandes a la mierda. Si usted puede, meta esto en un poema.
No obstante, tenga en cuenta, que si yo le dolí, es más que posible que usted, me doliera primero.
Aunque no le creo, le agradezco su reconocimiento sobre mi inteligencia, mi manejo con las letras, y mi sapiencia en emociones y sentimientos. Debo advertirle para su conocimiento, no obstante, que el preceder el alago al golpe es un táctica vieja, conocida, y porque no decirlo, elegante. Si que le agradezco de corazón, por tanto, sea dama o caballero, las formas. Espero que para todo en su vida real (sea con mayúsculas o no) mantenga firme esos modos.
No pretendo que mi opinión sea perfecta. Para señores coñazo que se creen a pies juntillas lo que dice la letra pequeña búsquese un blog de notarios o leyes. Aquí los ideales no están ceñidos por banderas, ni se tira a la izquierda porque si, ni a la derecha porque no.
Mi estimado lector, será un placer tenerle por aquí, incluso criticando cada palabra, cada verso, cada sueño que me atreva a poner en un papel para su disfrute o su disgusto. Pero olvídese de jugar a las adivinanzas con el autor.
Le aseguro hablando ya del abecedario, que con esto, ni gano dinero, ni me siento altivo. Para grandes públicos tiene usted Torrente o Gran Hermano. Yo simplemente escribo, para quien quiera, y le certifico, que lo hago lo mejor que puedo.
Sin entrar en mi vida personal, y terminando. Le afirmo que mis cosas, las sabe quién debe.  Es más, le atesto que me he ganado con sangre el derecho a sentir lo que me venga en gana. No sepa tanto de mí, la práctica siempre es según con quien.
Sin otro particular, y esperando que siga odiando o disfrutando este modesto lugar reciba mis mas afectuosos saludos.
Fdo.
El Autor de la Zalema

viernes, 18 de marzo de 2011

Un problema, dos amigos - Capítulo VI

Tercera parte. Javier, mirival verdadero. Una vez más cena, con el estomago llenándose uno cavila mejor que de costumbre. Buen vino para agilizar los temas de burdos a profundos, más vino, mas temas que no importan, algunas copas, y la trampa.
-          Confío tanto en mi mujer, que apostaría mi vida a que no se acostaría con otro hombre que no fuera yo.
-          Apuestas demasiado alto – me dijo –
-          Te aseguro que no, ella esta enamorada de mí, sería incapaz de hacer algo así.
-          ¿qué te apuesta a que si lo haría.
Picó. Demasiado fácil, la verdad. El tampoco lo supo entonces.
Aceptó.

La última parte fue sencilla. Dormir varias noches fuera de casa y esperar. Ahora fue a mi a quien llamaron para cenar.
Javier delante, solo. Un mes y medio después, aún me sobraban 15 días. Ya lo tenía.. Nos despedimos.
Son cosas que pasan – me dijo

Pero como ustedes entenderán quise decir yo el último dicho ingenioso. De orgullo ando con sobras en la despensa. Debía quedar por encima incuso antes de que el tiempo me dejara por encima. Y de nuevo, pensando que una mujer nunca se olvida de un Tarzán por muy chita que sea, use una de esas frases que quieres utilizar  todas costa, sin saber muy bien si cuadra o no. Le miré a la cara y le dije.

-          Mi querido amigo, siempre gana quien menos pierde.

El resto de la historia, imagínenla.

jueves, 17 de marzo de 2011

Un problema, dos amigos - Capítulo V

Segunda parte. La más compleja y a la vez la más sencilla, mi mujer. Aquí tenía que afilar todas mis pobres dotes de interpretación. Empecé con la figura de marido traicionado y dolido, melancólico después, recordando aquellos tiempos buenos que ya no recordaba. Lúgubre, aquel que no sabe ni como, ni cuando va a recomponer su relación. Duró poco esta actuación, justo hasta el justo momento en que mi mujer sintió pena. No era la idea. Empezó entonces la segunda parte, el ataque. Como un torbellino lance los peores improperios que un ser cornudo pudiera lazar sobre su contraria. La enfadé, hasta volverla a enfadar, la fastidié, la cansé, la molesté, la ofendí, la irrité, la contrarié, la sofoqué, la hice odiarme, lloré, y la hice odiarme más aún, hasta que la ira de sus ojos no cupo en sus pupilas, cerré la puerta con ganas mientras le soltaba.

-          Solo me hubiera faltado ya que te enrollaras con Javier.

No volví a verla.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Un problema, dos amigos - Capítulo IV

Debía salir mi orgullo indemne de la situación, evidentemente el tonto de los tres era Pedro. A estas alturas de la película, se imaginarán que yo ya sabia que la cornamenta no me la quitaba ni dios. Aquello no me preocupaba más de lo necesario. Pedro y mujer me habían engañado una vez, yo lo había hecho tantas otras que ni siquiera podrían considerarse tablas como resultado de la contienda.

Por fin tuve la solución, en la cabeza, donde de verdad se tienen las soluciones, aunque algunos sigan empeñados en negarlo. Ahora tocaba hacerla realidad.

-          Puede que no este de acuerdo con lo que tengas que decir, pero defenderé a muerte tu derecho a decirlo

Así empecé mi brillante discurso ante Pedro. La verdad es que ni la frase es mía, ni venía mucho a cuento. Pero es una de esas frases que lees en los libros y quieres soltar a toda costa como propia a la menor ocasión. ¿quién diablos dice algo así, en tal situación?

Me agarré los cuajos tan fuerte que casi ni no los notaba. Comí con él. En la comida que mantuvimos, él no habló, avergonzado, y con la cabeza gacha escuchaba mi firme perorata.

Dentro de mi parte, esta era la parte sencilla. Él era tonto, pero noble. Creo que dejo ya bastante claro que mi amigo, era o debiera ser (a estás cuestiones mejor refiéranse a mi mujer) un Tarzán en la cama. Cierto, que cuando la historia era de cavilar, más bien se asemejaba a chita, pero una cosa aunque quizá debiera, no quita la otra.

El pacto quedó sellado, él era perdonado, yo lo olvidaba todo, sin rencores ni duelos a primera sangre. A cambio de no decir absolutamente nada a nadie de lo sucedido. Le prometí que un plazo de dos meses podría volver a rondar a mi mujer (el iluso se había enamorado de esa arpía) sin que yo me impusiese. Él no entendió mucho. Ante la pregunta de si realmente no me importaba que siguiera retozando con mi señora, le contesté con silencio primero, y segundo con la reafirmación de la promesa de lo que le había solicitado.
Dos meses.
Aceptó.

martes, 15 de marzo de 2011

Un problema, dos amigos - Capítulo III

Yo debía de estar en mi trabajo, del cual me escape con la excusa de unas nauseas horrendas tristemente provocadas por dos dedos y una garganta. La idea era darle una sorpresa a mi mujer, que debía estar en el sofá anaranjado (este idea mía) del salón, donde la deje aquejada de una pequeña y no demasiada molesta gripe. Por otra parte, mi amigo, Pedro se llamaba (supongo eso idea de sus padres, benditos los dos, pese a que yo le hubiese puesto otro nombre) debía estar en el trabajo que yo le busqué, dejándome un gran favor a convalidar a cambio. Tres personas como digo, en una situación escamosa, en una habitación pintada de malva y en un momento inoportuno. Es cierto, la cosa no hubiera sido tan grave, si de los tres, el único que no estaba desnudo no hubiera sido yo.
De la cara de bobo que uno tiene en tal situación no hablo.
No hace falta.

Hasta aquí todo normal. Un amigo mal parido, una mujer que hace mucho ya no quería y se hartó de que uno no le hiciese caso y un hecho donde el único lado positivo posible, habría que verlo con el tercer ojo (efectivamente, el del culo).

Pero les dije antes que versaba todo este asunto sobre un problema, de amor más concretamente. Y no mentí, ya que antes de contarles exactamente, les diré que se trata sobre el mas arraigado amor que tiene el ser humano, el mas incontrolable, el mas interiorista y profundo, el de raíz, el inexorable e inevitable.
El amor propio.

Un dicho ingenioso no prueba nada, pero jode (y sobre todas las cosas queda de puta madre en el Facebook). Sabía de sobra que Javier (mi segundo amigo, el combativo) tendría para este mal suceso, dichos sin posibilidad de resto a patadas. Ese es mi problema, el gran problema.

jueves, 10 de marzo de 2011

Un problema, dos amigos - Capítulo II

Uno. El que se acostó con mi mujer, era el preferido mío, y por lo que se ve (que yo no vi), también de mi mujer. De los tres siempre fue el más atractivo, también el más tonto (la naturaleza a veces tiene el gusto de compensar una por otra). No tengo tan claro, que sea esa misma naturaleza la que nos dota de compasión. Pero quizá por ella, él siempre fue mi parte derecha del corazón. Al fin y al cabo, el siempre me necesito más en su vida que el otro, desde luego más que yo a los dos juntos. Al paso de su parca lengua, sus abundantes meteduras de pata, tanto en líos de faldas como en otros que ora no vienen de caso, con diversos enredos, siempre le vino bien la palabra de un amigo feo, es decir, mi palabra.
El otro, mi amigo combativo, es aquel con quien siempre estas combatiendo. Mi listón, a pesar de que nunca admitiría que me alegro de algunos de sus fracasos. En mi interior siempre se barrunta la idea de que sus éxitos no molestan siempre y cuando sean inferiores a los míos. Es lo que tiene la igualdad en la amistad. Supongo. De tú a tú, no cabe otra que batirse a espadas por el mundo. A sinceras, que mal me caen este tipo de sentimientos, pero no puedo evitarme sentirme mal si su sueldo de amigo bate al propio en más de dos cuartas.
Hasta hoy, atinó la suerte de mi lado, y mis éxitos fueron más éxitos que los de mi amigo, y mis fracasos menos fracasos… hasta hoy
Fue un lunes. Cuando los problemas eligen día por si solos, eligen el peor de los posibles, y el peor de los siete que yo conozco es el dichoso lunes. Era sobre la una de la tarde, cuando nos vimos tres personas en situación escamosa, en una habitación pintada de malva (fue idea de mi mujer), en un momento en que no debíamos estar.
No sé si ustedes, sabrán del sabor de la traición. Por lo que he podido averiguar, dicen que de todos los que puedes probar, es el más intenso con diferencia, al parecer, un huracán de humillación, amor, odio, nauseas, recuerdos, futuros rotos. Yo no sentí nada de eso. Mi problema era realmente otro.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Un problema, dos amigos - Capítulo I

Tengo un problema.
Podría decir que es un problema serio, o bien, que es un serio problema. Juro, me decantaría por alguna de las dos opciones, pero lamento no tener las más mínima idea de la maldita diferencia que pudiera haber entre ambas. Sin embargo, si dentro de la gran, gran, gran variedad de problemas que conozco, tuviese que decidir a cual tipo pertenece el mío, si tuviera que decantarme en eso, no tendría ninguna duda, lo tendría claro.
Mi problema es de los peores. De los que no te dejan opción, de esos en los que hagas lo que hagas no dejan ya que hacer. En resumen, siendo mi problema mucho peor que otros porque es mío, es de los que te hacen decir… “Estoy jodido”.
Lo olvidaba. Junto a él (el problema), tengo dos amigos.
El suicidio quedó descartado casi desde el primer momento. Aún cuando al ver el origen de los hechos, y quedándome sordo, mudo y por la poca gracia de Diós con toda la vista que nunca tuve, fue siempre una idea bala por la cabeza. El suicidio no cuenta. Por errores de otros, no míos, aprendí que quien se arrastra por un arrebato de pena o rabia, acaba por arrepentirse sea tarde o temprano. Solo una semana basta para mirar a un mismo sitio y ver los antes visto negro como blanco, viceversa incluida.
Pudiera ser, que porque un hombre solo es siempre una mala compañía, que existen los amigos. Como decía antes, yo cuento con dos.
El corazón tiene razones que la razón no tiene. Al menos esta pudiera ser una razón, o mismamente el hueso de la duda de la traba que me corroe y embriaga, del que les hablo.
De amores ya habrán supuesto trata todo esto, o al menos de él empieza, o termina, o nada tuviera que ver con fines y empieces, y sean estas letras solo lágrimas cual lenguaje silencioso del dolor.
Si todos supiésemos lo que dicen de nosotros, no habría cuatro amigos en el mundo. yo soy uno de los que no sabe que dicen de él, por eso, supongo, como dije antes, tengo dos amigos.
Recomendaría a cualquier mujer, que nunca olvide lo que un hombre le dice cuando está enojado. En mi caso, la verdad, es que me quedé callado. Por no seguir este consejo no la culpo, por acostarse con unos de mis dos amigos sí.
Creo que va siendo hora que les presente a mis amigos…

martes, 8 de marzo de 2011

Veces

Hay veces,
cuando miras
las estrellas,
que piensas,
que sientes,
que sueñas
en grande…

Hay veces
que la luna
tiene nombre,
y no pecas
si la besas,
y el mundo
queda pequeño…

Hay veces
que tu boca
es beso,
y entonces,
ya nada importa.

lunes, 7 de marzo de 2011

Principio para final

Y llego el final…
Hoy rompe nuestro día.
Hoy el sol nos da la cara.
Atrás queda el tiempo
y cientos de mañanas
en que perdíamos sueños
de entre las sabanas.
Atrás queda el primer amigo
que nos dio su alma,
el primer cigarrillo tras sonar la alarma.
Atrás dejamos el abrigo,
dejamos esta manta
de alevosías y lujos
qué de fuera nos guarda
sin pedir permiso

Y llego el final…
Y toca, buscar morada
dónde hospedar
nuestra esperanza.
Hoy llegamos a la orilla
y tenemos el alta,
un afable velero,
afiladas las garras
y ante todo la palabra.
Tenemos un sueño
y siempre alta la mirada

Hoy no es el final,
hoy es una voz que canta,
hoy no es la meta
de llegada,
hoy es una bandera
en alza
que nos da a salida,
un pistoletazo…
Hoy es nuestro alba

Hoy es el momento
de tirar la ropa usada,
volar lento
con alas robadas,
llenar de vinos
a cascadas
las copas del tiempo.
Reír a carcajadas
y en el intento
saltar barricadas,
morir por dentro,
ser del viento alas
y fin del cuento.
En copas de plata
bebimos la cosecha,
salió la estancia barata,
pero hoy se acaba el vino.

Y sin un adiós,
dejamos el alba
y estrenamos sueño.

viernes, 4 de marzo de 2011

Aquello de la sencillez y sus sinónimos

Significar sencillo como antónimo de complejo, darle carácter de estúpido, de falta de discernimiento, de evidente, de falta de argumento, es quizá, el primer paso para saber, que uno es más gilipollas de lo que se cree.
Déjenme que después de la ofensa, para quien se sienta ofendido, salde mi cuenta con la última frase.
De lo puesto en el menú de todos mis años, he solido quedarme con las respuestas sencillas, con aquellos gestos para los que no hacen falta explicaciones.
Sencilla es el alma de quien aún la tiene, la mirada de un niño. Natural la esperanza, llana la palabra del poeta que regala versos sin pedir a cambio. Humilde la lágrima del amigo que llora porque llora su amigo, espontanea la sonrisa por tu sonrisa, sinceras tus manos cogiéndome del pecho, gritando sin letras, “Vamos, no es tarde, no te des aún por vencido”.
Raso es el cielo que no te chantajea con estrellas, afable un cuerpo cuando se convierte en un hogar, inocentes las naves que sin salir, acaban de llegar. Evidentes las esencias, desnudo tu mejor despertar, corriente que no te pueda dejar de mirar.
Parcas las gracias cuando no hacen falta, familiar tú pensar, corriente esa luna que todo el mundo quiere robar para hacerla regalo. Austeras, secas, llenas, perfectas, simples con todos sus sinónimos, son esas dos palabras que dicen te quiero.
* Y ahora, perdonadme, señores,
que interrumpa este cuento
que les estoy contando
y me vaya a vivir
para siempre
con la gente sencilla.
* Versos de Pablo Neruda en su obra Oda a la crítica

jueves, 3 de marzo de 2011

Decima con espina

Ora que no estás, te siento.
Yo, solo tengo presente
y tú, ya nada, ausente
te quedaste sin aliento.
No hay forma de que te cuente,
tarde llego al nudo que me ata,
tarde sé y tarde entiendo
que la pregunta es la errata.
Cierto, sois vos quien me mata
si me das vida muriendo.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Silvio y la sonrisa

Silvio buscaba entré el gentío que compartía café aquella mañana un trozo de nada, cuando de improvisto se encontró con una sonrisa que no pudo creer.

El trato familiar del camarero le sirvió para hacerse con su nombre. Diana. De ella le atrajeron los instintos, el carácter y lo que no se ve cuando se mira. No pudo, ni quiso resistir entonces el impulso de escribir. Sacó su viejo cuaderno de notas, arrancó una hoja con sumo cuidado y comenzó a escribirla:

De mí podría decir que por apostar por la magia, suspendí en la infancia todas las asignaturas de forestales y ahora desconozco como se abren la mayoría de los caminos. De anticipado pido excusas si fallo en forma o tiempo. Dado que desconozco los ojos dispuestos a leer estas palabras, espero en serio no ser tomado por vendedor de humo.   

Dice parte de mí, que me dedique a coser las suturas, que me arregle los papeles de la cordura, que salde la cuenta en números rojos del olvido, que cuelgue las botas en el gancho de la memoria, que inyecte sobredosis de Prozac al corazón si le da por salir al patio a volver a jugar, que haga las maletas a aquella idea de patinete que decía que uno y uno no siempre suman dos, que no haga caso de aquel loco hidalgo que quiso sin ser querido, que asuma que aquello que se avista al horizonte no son gigantes, sino molinos.

Sin embargo, otra parte de mí se pregunta porque me tiemblan las manos cuando te escribo a ti. Quizá sea cuestión de esta fe inquebrantable. De pensar…

Y si aquello que se ve al horizonte, de verdad, son gigantes.

Puede que escriba por miedo. Por si pasado el tiempo veo en el espejo un cobarde que no dio ninguno de los pasos previos, que quito la vista del horizonte, marco un camino sin riesgo y camino por caminar. Quizá no halla nostalgia peor que llorar lo que nunca sucedió, más si uno recuerda que ni siquiera se atrevió a preguntarte…

¿Querrías tomar un café conmigo?

Al terminar, se levantó decidió a entregarla aquella proposición. En lugar de ella, y aquella sonrisa que no pudo creer, se encontró una mesa vacía.

martes, 1 de marzo de 2011

El poema de Joel

Terminado el poema, Joel, lo revisó por primera vez completo.
Su cabeza, fue entonces viaje, gusto, meditación, sentimiento.
Pensó, que en un martes que amanece como lunes, cabe sobrada la afirmación que afirma que la musa, debe de estar en otra parte. Mejor, no preguntarse con quien.
El frío le corroía las entrañas. Sin lágrimas en los ojos, se odió.
Las mentiras se hacen más evidentes escritas en un papel. De las verdades solo le llegó el aroma que le avisaba de su falta de talento. Enamorado hasta los huesos, a lo mejor que se puede aspirar es a que no te devoren el corazón.

Hizo una segunda lectura, más una tercera. Paró en un segundo cuarteto que habla de su pelo, de sus ojos duende, de todos aquellos besos que no le cabían en los labios, del final y el principio de los cuentos. Demasiada materia y una alarmante falta de esencia, ningún verso contiene en sí mismo un abrazo.
Pensó, que en un martes que amanece como lunes, cabe la posibilidad de entre todas las profesiones, elegir la de asesino.
El verso se hizo bola, canasta, olvido.