domingo, 9 de diciembre de 2012

Traspasando el país de Alicia

Todos las personas piensan que el punto medio entre el bien y el mal está justo donde ellos lo ponen.

Esto es aplicable para todos los puntos que poner, incluso los finales. Quizá por eso no me cueste cerrar este discurso que se me queda ya anticuado, extraño, como escrito por quien ya, ni siquiera fui, seguro, quien no soy.

Hacer dictados a lo pensado, a los sueños, esta pasado. Así es. En la época de los Justin, de los Brad y algún Duque de por aquí, ya nadie se acuesta con Cyrano.

Fue sin embargo placer, la mayoría de las veces. Otras no tanto. Escribir es escribir, tan sólo y tanto.

Fue en otras ego puro, aún algo guardo, agradecimiento, mentiras honradas, dudas en base a la duda, decir por decir, seriedades, mal intento de cuentos, catas, alguna mirada perdida echada a perder, balas sin salida, caricias dirigidas y algunas, incluso, de verdad.

Siempre demasiado yo mismo, fuera quien fuese. Quizá error, ora que pienso que a un escritor no debe vérsele la cara. Un trabajo más de junta letras que de prosista. Cuestión de cuajo, le supongo, y de falta de canas para esta palabra que va teniendo cuerpo de hombre.

Retiro la tinta de este escaparate, llegó la hora de llevarse la cantinela a otra parte.

Antes de decir adiós, una ultima pedida, la próxima que tengan oportunidad, no lo duden, acuéstense con Cyrano. Háganme caso, les sabrá mejor el desayuno.

Y así es el cartel de traspaso para el país de Alicia....

Sin precio.